Fue muy gratificante escuchar todo esto de boca de una persona de Iglesia, de la Iglesia obrera con la que me identificó de pleno. Tener la oportunidad de conocer en persona a un cura que reúne en sus celebraciones a personas ateas y a musulmanas, a mujeres que han perdido a sus hijos por la droga, a gitanos...sencillamente es algo grande. En la fachada ya no pone Parroquia. Ahora pone Centro Pastoral. La jerarquía eclesial podía "permitir" la actividad social que realizaban pero no podían saltarse el ritual litúrgico: las personas han de arrodillarse ante dios porque el cura desde el altar lo ordena...en fin, esas cosas de esa otra Iglesia trasnochada. En Entrevías se sientan en círculo y es cierto que alguna vez han tomado rosquillas en lugar de pan ácimo. Pero lo que le hace creíble a esta persona es que ha vivido y vive allí donde están las personas que sufren. Si aquel comenzó su labor en Galilea que era donde estaba la mayor pobreza, donde habitaban los "impuros" (ahora por abortar, los de siempre, nos llaman herejes), éste vive en las barriadas marginadas por el poder que nos obliga a velar por el tan delicado cuerpo social. Lo que le hace creíble es contar que uno de los días más tristes fue ver cómo en su barrio hubo una manifestación en la que se gritaba ¡Drogatas fuera del barrio! El otro día, al igual que en su libro, reflexionaba: son vuestros hijos, son vuestros hijos...la manifestación fue organizada por el PSOE y por el PCE y finalizó su recorrido donde vivían "los pies negros" (gitanos). Contó muchas cosas...habló de los milagros. Un milagro es superar un miedo, el parado que no se hunde...en "La Fe y la estafa" (2004. Ediciones del Quilombo. Madrid) escribe: "el engaño no está en lo que se escribía ni en cómo se escribía sino en querer mantener hoy cosas distintas de lo que aquellos escritos pretendieron". Habló de los menores: "estamos tutelando a un menor por ser obeso"...también habló del Emperador: "Obama no salvará al mundo"...
habló del paso de la dictadura militar a la dictadura económica...del engaño de la inseguridad en nuestros barrios, de la costumbre impuesta de denunciarnos entre los vecinos y del incremento bestial de la policía para velar por la paz social. De la autoridad contó que no se impone: el menor , por ejemplo, en el colegio, en el instituto, en el piso de acogida, en casa...nos regalará su respeto por el amor, el cariño, el afecto y el respeto que le demos.
Fue un encuentro necesario. De cerca, en el momento de estrecharle la mano, todavía padecía más humano. Su caligrafía tiene un trazo precioso.









